Manejar en Venezuela es, básicamente, un sueño que tengo desde que empecé a crear contenidos, mochola, rodar, conocer lugares y enamorarme más de la gente y los destinos.
Aquí no compramos un carro solo porque «es bonito»; lo compramos porque necesitamos que sobreviva al calor de Maracaibo, a las subidas de Los Andes y, sobre todo, a la anarquía del asfalto citadino.
Me puse a ver los «juguetes» que trae la Hyundai Creta y, honestamente, más que lujo, parecen un kit de supervivencia para el asfalto nacional. Aquí les digo cómo se portaría en 5 paradas obligatorias:
1. Caracas: El caos de «la cola» y el parkeo imposible
Si vives en CCS, sabes que el 40% de tu vida se va en tráfico y el otro 10% buscando dónde estacionar en Chacao o Las Mercedes.
Aquí la dirección electroasistida es gloria pura: el volante se mueve con un dedo. Y lo mejor es el Android Auto inalámbrico; mientras esquivas motorizados, lanzas el Waze en la pantalla de 8″ para ver si la Francisco Fajardo está fluyendo o si te toca subir por la Cota Mil. Sin cables estorbando la palanca de cambios, por favor.
2. Mérida: Los tres mil y pico de metros (y el miedo a rodar)
Subir a los Páramos no es juego. El motor 1.5L se porta serio, pero el truco está en activar el Modo Sport para que el carro no se «achante» cuando la pendiente se pone ruda.
Pero el verdadero héroe anónimo es el Auto Hold. ¿Sabes ese micro-infarto que te da cuando el carro rueda un pelín hacia atrás en un semáforo empinado en la Av. Las Américas? Con esto, el carro se queda clavado hasta que aceleres. Adiós, estrés.

3. Margarita: Vitrineo costero y brisa marina
En la isla el plan es otro: relax. Pasear por la Av. Aldonza Manrique o irse hasta Playa El Agua pide el Modo Eco para estirar la gasolina y que el bolsillo no sufra.
Aquí es cuando bajas las ventanas, dejas que entre el sol de Nueva Esparta y sientes que el viaje valió la pena. Es ese toque premium que te hace disfrutar el paisaje mientras vas rodando.
4. La ARC: El purgatorio de los viajes largos
Valencia-Maracay-Caracas. La Regional del Centro es un reto de resistencia. Entre los huecos sorpresa y los tramos largos, el Control de Crucero Adaptativo te salva la vida (y las piernas).
Te mantiene la velocidad constante sin que termines con un calambre en el tobillo. Y como el viaje siempre es largo, tiras el celular en el cargador inalámbrico y te olvidas de estar buscando el cablecito que siempre se pierde entre los asientos.
5. Morrocoy: El reto de la cava y el toldo
Llegar a la posada en Tucacas o al embarcadero suele ser un laberinto de carros mal parados. Ahí la cámara de retroceso HD es tu mejor amiga para no darle un «toquecito» a nadie.
Pero lo que más me cuadra es que, como uno nunca viaja ligero a la playa, los asientos abatibles 60/40 te permiten meter la cava, el motor de la lancha si hace falta y hasta los flotadores gigantes sin que nadie vaya apretado. De 433 a 900 litros de carga es, básicamente, mudar la casa.
Al final, la tecnología no es para que el carro se maneje solo, sino para que nosotros lleguemos menos «molidos» al destino.
En un país donde la carretera siempre te tiene una sorpresa, tener un aliado que te facilite la maniobra o te guarde el frenado en una subida no es un lujo, es paz mental.








