Entre una orca que tiene más libertad que muchos y un Bigfoot que camina igualito a mi tía buscando la bolsa del CLAP, la actualización se siente sospechosamente «venezolanas»
A ver, hablemos claro. Uno se despierta, revisa el teléfono con el 2% de batería que dejó el bajón de las 3:00 a.m. y se encuentra con que ahora tenemos un emoji de «Roca desmoronándose». Apple dice que es un derrumbe, pero todos sabemos que es la representación gráfica de nuestra salud mental cada vez que escuchamos el clac del transformador de la esquina.

Lo que más me mata es la Bailarina de Ballet. El desarrollador que la diseñó seguro no sabe que aquí en la Autopista Francisco Fajardo (o como se llame esta semana) todos somos prima ballerinas. Esquivar los huecos a 80 km/h requiere una técnica de puntillas y un juego de cintura que ya quisiera el Bolshói, aunque nosotros lo acompañamos con una «mentada de madre» bien criolla en cada maniobra.
Al final, bajarse esta actualización es como verse en un espejo con un filtro medio cínico. Los emojis se adaptan a nosotros porque nuestra realidad ya superó cualquier ficción de Silicon Valley.








