En el marco del Día Internacional del Arte, se explorará el legado de Leonardo Da Vinci desde una óptica fresca y tecnológica, buscando conectar la genialidad del Renacimiento con el talento joven venezolano y la innovación educativa.
Mira, si me hubiesen dicho hace diez años que íbamos a estar analizando la Mona Lisa en una sala de alta tecnología en el Este de Caracas, de la mano de un chamo que hace murales con tapas de refresco, probablemente habría pensado que era una trama de una película de ciencia ficción barata. Pero aquí estamos, y la verdad es que el plan suena demasiado brutal.
El Renacimiento se mudó a la Mega Sala
No nos caigamos a cobas: a veces el arte clásico se siente como esa tarea de bachillerato que uno hacía por salir del paso. Pero cuando metes en la licuadora la visión de Oscar Olivares —que ya es básicamente un Rockstar del arte nacional— y el músculo digital de la Fundación Telefónica Movistar, la cosa cambia de color.
No es solo hablar de un señor que pintaba techos en Italia; es entender cómo ese espíritu de «inventor de todo» de Da Vinci encaja en nuestro ecosistema de rebusque y creatividad criolla.
- ¿Es importante? Porque en un mundo de IA y filtros de TikTok, volver a las bases de la observación es casi un acto de rebeldía.
- La conexión: Llevan tres años en esta alianza, demostrando que la tecnología no es solo para ver memes, sino para democratizar el conocimiento.
- El spot: La Mega Sala Digital en Los Palos Grandes es ese oasis donde el Wi-Fi de verdad vuela y las ideas fluyen sin que se te pegue el Zoom.
Innovación con sello local
Escuchar a Inés Sandra Machado hablar sobre «desarrollo digital inclusivo» suena muy formal, pero traduciéndolo al lenguaje de la calle: es darle herramientas a los chamos de zonas vulnerables y al público general para que vean que el arte y la tecnología son el mismo equipo.
Es curioso, porque Da Vinci era el «todero» original: ingeniero, pintor, anatomista… Básicamente el perfil que te piden hoy en LinkedIn para un cargo de pasante.
Ver a Olivares diseccionando esa genialidad es como un espejo generacional que nos recuerda que, aunque estemos en 2026, la curiosidad sigue siendo el mejor software que podemos instalar.








