85 años de Farma: ¿Por qué seguimos confiando en la caja azul hecha en Maracay?

Farma cumple 85 años en Venezuela, recordándonos que la verdadera calidad no es una campaña de marketing, sino la capacidad de fabricar en Maracay con estándares globales mientras otros simplemente importan y esperan.

Hay cosas que forman parte del paisaje emocional de cualquier venezolano. Si abres el gabinete del baño en una casa de Caracas, Maracaibo o Puerto Ordaz, hay un 99% de probabilidades de que te encuentres con una caja de Teragrip, un Calcibon o ese Ninazo que te salvó la vida antes de una reunión importante.

No es casualidad; es el resultado de 85 años jugando en la cancha local, pero con las reglas de afuera.

A veces se nos olvida que Laboratorios Farma es un caso de estudio rarísimo y fascinante. Nacieron aquí en 1941 con ADN suizo, y para los años 60 ya se estaban expandiendo a Colombia.

Mientras hoy celebramos que cualquier marca nueva llegue al anaquel, estos panas llevan décadas exportando desde su planta en Maracay a 13 países.

Es ese orgullo silencioso de saber que lo que se hace en el estado Aragua tiene el sello INVIMA, el mismo que le exigen a las grandes transnacionales en Bogotá.

Lo interesante de estos 85 años no es solo la nostalgia de «la farmacia de antes». Es que en los últimos tres años, mientras el mundo apenas terminaba de entender la post-pandemia, lanzaron 30 productos nuevos.

No se quedaron pegados en las marcas de siempre; se metieron en ligas pesadas como la oncología con su nueva división AVENIR, entendiendo que la salud en Venezuela hoy requiere soluciones para temas mucho más complejos que una simple gripe.

Farma es ese amigo que no se fue cuando la cosa se puso color de hormiga. Se quedó invirtiendo en maquinaria, certificando procesos y manteniendo alianzas con gente como Vick o Pepto-Bismol para que no nos falte lo básico.

Al final, la confianza no se compra con un post de Instagram; se construye cuando te das cuenta de que la pastilla que te estás tomando tiene detrás ocho décadas de gente que decidió que «hecho en Venezuela» podía ser sinónimo de «lo mejor del mundo».

La longevidad en este país es un deporte de riesgo. Cumplir 85 años operando no es solo un hito empresarial; es un testimonio de que, cuando la calidad es innegociable, el mercado —y la gente— te mantienen en el lugar de siempre: muy de cerca.

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