En un entorno global cada vez más caótico, el concepto de «Venezueling» —acuñado por Alejandro Planas en un evento tecnológico al que fuí— emerge como la filosofía definitiva de supervivencia y éxito, transformando la escasez en ingenio puro y la crisis en una maestría operativa que hoy es tendencia en el ecosistema emprendedor de Latinoamérica.
Mira, si tú eres de los que ha tenido que prender un carro empujado, configurar un router con un clip o montar un negocio en Instagram mientras se iba la luz, felicidades: eres un PhD en Venezueling y no la imitación del mítico personaje de la TV: McGyver .
No es solo un término rebuscado que Alejandro Planas de la empresa Escala 24×7 sacó de una charla con Paul Kienholz de DanaConnect; es, básicamente, nuestro estado civil emocional.
Es ese insight brutal de que aquí nada es lineal, pero todo se resuelve.
1. El «Resolver» como deporte nacional
Hacer Venezueling es el arte de no quedarse pegado. En Silicon Valley te hablan de pivotar, pero en la avenida Francisco de Miranda le decimos «resolver».
Es esa capacidad de agarrar un presupuesto que da risa, un equipo limitado y una conexión a internet que sube y baja como el dólar, para terminar entregando un proyecto que deja a la gente loca.
- Ingenio sobre recursos: Si no hay cables, se empatan; si no hay repuestos, se adaptan.
- Ejecución bajo presión: Trabajamos mejor cuando el cronómetro está en rojo.
2. Exportando el ADN del «Echarle pichón»
Lo interesante es que este concepto se volvió viral porque ya no es solo nuestro. Planas tiene razón: desde Buenos Aires hasta Bogotá, la región está entendiendo que el modelo corporativo rígido de «paso A, luego paso B» se muere cuando la realidad te mete una zancadilla.
El Venezueling es nuestra ventaja competitiva en el mercado global. Mientras otros se paralizan porque no tienen el manual, nosotros ya estamos inventando el manual nuevo. Es resiliencia en esteroides, sin tanto cuento largo ni lenguaje de LinkedIn.
3. La Estética de la restricción
A veces me pongo a pensar, tomándome un café mientras espero que baje el calor, que nos acostumbramos tanto a la «escuela del entorno exigente» que cuando nos dan todas las herramientas, hasta nos sentimos raros.
Pero ojo, el Venezueling no es conformarse con lo malo; es hackear el sistema para que las cosas funcionen a pesar de los pesares. Es convertir un obstáculo en un escalón, y eso, panas, no se aprende en ninguna universidad de prestigio, se aprende pateando calle.
«No es que nos guste el drama, es que aprendimos a surfear en el caos mientras otros todavía están preguntando si el agua está fría.








