Estaba leyendo un correo con los resultados preliminares de una encuesta de la UCAB y, honestamente, me dejó un frío que no se me quita ni con un café bien cargado. Aquí pensando en mi familia donde hubo vocación para ello.
Resulta que apenas el 4% de los chamos en los últimos años de bachillerato se plantea ser educador.
Es decir, en un salón de 30 alumnos, con suerte uno (y quizás presionado por la duda) dice: «Oye, yo quiero dar clases». El otro 86% prefiere cualquier otra cosa antes que agarrar una tiza o abrir un Zoom pedagógico.
Lo que más me voló la cabeza no es que no quieran por la plata —que todos sabemos que el sueldo de un docente en este país es un chiste de mal gusto— sino que, incluso en colegios privados donde los profes ganan «decente», los chamos los ven y dicen: «Ni loco paso por eso».
El espejo del cansancio
El profesor se ha convertido en el mártir oficial de nuestra sociedad. Los muchachos no son tontos; ellos ven a un adulto que llega agotado, que pelea con la disciplina de un grupo que no quiere estar ahí y que, para colmo, tiene un prestigio social que está por el piso.
Es una analogía triste, pero ser profe en Venezuela hoy se siente como ser el capitán de un barco que todo el mundo sabe que tiene un hueco en el casco.
La encuesta dice que los jóvenes ven la docencia como algo «importante» (casi tanto como la medicina), pero al mismo tiempo la ven como un «plan B» o, peor aún, como puro sacrificio sin beneficio. Si el mismo ejemplo que tienes enfrente te dice «chamo, estudia otra cosa», ¿qué motivación queda?
La amenaza del «Profe Algoritmo»
Hay un punto que toca el profesor José Javier Salas de la UCAB: si no hay relevo, la Inteligencia Artificial va a terminar siendo el docente por default.
Y no hablo de una herramienta cool para hacer la tarea, sino de una pantalla sustituyendo el factor humano porque un robot no se enferma, no pide aumento y no tiene crisis existenciales.
Estamos llegando a un punto donde:
- La matrícula en la Escuela de Educación pasó de 1.200 a 100 alumnos. Es una extinción en tiempo real.
- El 70% de los que dan clases hoy no son profesionales del área.
- Las menciones de Física y Matemáticas son básicamente un desierto.
¿Un campo para valientes o para locos?
Al final, hay una luz medio extraña en todo esto. Como casi nadie quiere ser educador, los pocos que se gradúan (los «valientes», como dice Salas) tienen el mercado para ellos solos.
Ya a mitad de carrera están negociando sueldos y posiciones porque, literalmente, no hay quién dé la clase. Es la ley de oferta y demanda en su versión más cruda.
Sin embargo, no podemos dejarle todo a la «valentía». Si como sociedad seguimos viendo al maestro como alguien que «hace un apostolado» y no como un profesional que merece estatus y tranquilidad, nos vamos a quedar con las aulas llenas de pantallas y el alma del país vacía.
Si tienes un hijo, un primo o un conocido en 4to o 5to año, pásale el link de la encuesta de la UCAB (https://goo.su/MqncAqK).








