Un resumen de cómo el 39° Congreso de Obstetricia y Ginecología en Valencia demostró que, mientras el país a veces parece en pausa, la ciencia local está metiendo el acelerador con tecnología y alianzas internacionales.
Lo que pasó en el Hesperia de Valencia estos días tiene una lectura mucho más profunda. No fueron 1.800 personas a «hacer networking» de pasillo; fueron a entender cómo diablos vamos a seguir cuidando a las mujeres venezolanas con tecnología que, hasta hace nada, parecía de ciencia ficción o, por lo menos, «de allá afuera».

Hay tres puntos que me volaron la cabeza y que deberíamos estar comentando en el café:
- Ya no se «practica» con la gente: Daniel Márquez soltó una frase que es un mantra de primer mundo: la simulación médica.
Inauguraron en Caracas el primer centro de entrenamiento donde los ginecólogos practican con maniquíes de última generación y software antes de tocar a una paciente.
En un país con tantas carencias, que la educación médica dé este salto hacia la excelencia técnica para reducir riesgos es, sencillamente, un alivio. - Venezuela volvió al chat internacional: Armando Briceño lo dejó claro. Estábamos fuera del mapa, aislados de las federaciones regionales.
Hoy, no solo volvimos, sino que tenemos a un venezolano presidiendo la Federación Latinoamericana.
En términos de consumo y prestigio, esto significa que los protocolos que te aplican en una clínica o hospital en Valencia o Caracas son los mismos que están discutiendo en Bogotá, CDMX o Madrid. - Cirugía fetal gratuita: Esto es una jugada importante. Operar a un bebé dentro del vientre materno suena a película de Christopher Nolan, pero ya van 28 casos en el país.
Que la SOGV promueva esto de forma gratuita es el tipo de «tecnología con propósito» que realmente mueve la aguja en nuestra sociedad.

Es fácil caer en el cinismo y decir que «nada funciona», pero ver a mil ochocientos profesionales actualizándose para que un parto sea más seguro o una patología se detecte a tiempo, te reconcilia con la movida intelectual del país. Al final, la mejor tecnología no es la que brilla, sino la que salva.








