¿Ansiedad o carritos llenos? Lo que esperamos del 2026 (y lo que nos quita el sueño)

Me topé con una encuesta que anda rodando por ahí, titulada «De Cara al 2026». Entre preguntas sobre qué tan nerviosos estamos después de enero y qué marcas extranjeras soñamos con ver en los estantes, me puse a pensar: ¿nuestras compras dependen de nuestro bolsillo o de nuestro miedo?

El otro día, veía actualizaciones en redes sociales, me llegó un enlace para una encuesta de la gente de RG2. El título era sencillo: «De Cara al 2026». Pensé: «Bueno, ya estamos en febrero, vamos a ver qué tal pinta el año». Pero apenas empecé a leer las preguntas, sentí que me estaban leyendo la mente… o al menos, tomándo el pulso.


La encuesta arranca directo al grano, preguntando por los «eventos de enero» y cómo eso afecta nuestras ganas de comprar.

Y es que, en Venezuela los meses de enero suelen durar como 90 días más si están asociados a como decimos aquí «un golpe sobre la mesa» y siempre dejan una resaca, no de fiesta, sino de incertidumbre.

Es como cuando el carro te hace un ruido extraño: no sabes si se va a parar mañana o si es solo un susto, pero igual bajas la velocidad.
Hay una parte del cuestionario que me pareció fascinante y aterradora a la vez. Te piden, en una escala del 1 al 10, qué tan ansioso o nervioso estás ahora mismo.


Aquí hago una pausa técnica. Para un venezolano, calibrar esa escala es todo un arte. Un «5» de ansiedad para nosotros —que sería motivo de terapia en un país escandinavo— aquí es simplemente un martes cualquiera esperando el transporte público. La encuesta pregunta por miedo y ansiedad «peor de lo que imaginaba».

Es como si intentaran medir la temperatura emocional del país para saber si vamos a salir a comprar zapatos o si vamos a guardar la plata bajo el colchón. Es el termómetro del consumo: si hay miedo, compramos pasta; si hay calma, compramos gustos.


Pero la cosa se pone interesante cuando pasamos del miedo al wishlist.

La segunda mitad del estudio toca una fibra sensible: la confianza en lo nacional versus la ilusión de lo extranjero. Nos preguntan si las marcas que ya están aquí nos dan tranquilidad. Y ahí entra el conflicto interno. Queremos apoyar lo nuestro, claro que sí.

Hemos visto emprendimientos convertirse en marcas sólidas que resuelven. Pero, y aquí viene el «pero» gigante, la encuesta suelta la pregunta del millón:

¿Qué tan interesado estás en las marcas extranjeras que pudieran llegar este año?
Ahí es donde al venezolano se le iluminan los ojos.

No es solo un tema de calidad, es un tema de feeling, de sentir que estamos conectados con el mundo. Es esa validación de ver un aviso luminoso que viste en una serie, pero ahora puesto en una avenida de tu ciudad.

La pregunta final es, básicamente, una carta a Santa Claus versión retail: «¿Cuáles son las marcas que inmediatamente le saltan a la cabeza como más atractivas?».

Estoy seguro de que, al llenar esa casilla, la mayoría no piensa en marcas de tornillos o repuestos industriales. La gente piensa en café (ya saben cuál), en ropa (esa cadena española o la japonesa), o en tecnología. Es el shipping mental hecho realidad.

Al final, este tipo de estudios no solo sirven para que las empresas hagan sus números. Sirven para darnos cuenta de que vivimos en un constante malabarismo entre la cautela de «cómo va a estar la cosa» y las ganas inmensas de vivir una normalidad donde lo más estresante sea decidir qué combo de hamburguesa extranjera pedir.

El 2026 apenas arranca. La ansiedad está ahí, en la escala, quizás en un 4, quizás en un 8, dependiendo del día.

Pero las ganas de llenar el carrito —sea de supermercado o de tienda online— siguen intactas. Porque si algo sabemos hacer, es seguir hacia adelante, con o sin miedo, pero preferiblemente con buenas opciones para comprar.

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