La pelota, el hambre a las 9 de la noche y el «sabor de siempre» que no nos deja

Mira, si algo define al venezolano no es solo saber qué es un infield fly, sino saber que el béisbol se vive con un hambre particular. Esa que te da en el séptimo inning, estés en la grada de la UCV o pegado al televisor en el mueble de tu casa.

Esta temporada 80 de la LVBP terminó de confirmar que hay cosas que son patrimonio emocional, y no hablo solo del relevo de los Cardenales o la garra de Caribes, sino de ese aliado táctico que es el Diablitos™ Underwood™.

El beisbol es un sentimiento (y una arepa con todo)

Hablemos claro: ver un juego sin tener algo que picar es como un Caracas-Magallanes sin polémica: le falta flow. Esta temporada, la marca no solo puso la Copa Diablitos (que por cierto, se llevaron los Caribes frente a los pájaros rojos en una final de infarto), sino que estuvo ahí, metida en el ADN del fanático.

No importa si eres de los Leones y sufriste hasta el último día de la eliminatoria, o si eres de los Bravos y te quedaste con las ganas de repetir la final pasada; hay una conexión nostálgica que nos une.

Es esa sensación de que, aunque tu equipo se quede en el camino, el ritual de la pelota sigue intacto.

El drama del Round Robin y la logística del fanático

Lo que más me llamó la atención de este torneo fue cómo la tecnología y las redes sociales ahora te permiten sufrir el juego en tiempo real, pero el consumo sigue siendo el mismo de hace 40 años.

  • La constancia: Ver a los Cardenales quedarse a un solo juego de la final fue un golpe bajo para Barquisimeto, pero ahí estaba el patrocinio, aguantando el chaparrón.
  • La sorpresa: Caribes de Anzoátegui demostró que en el oriente el beisbol tiene otra temperatura, una «mejor forma de jugar» que los llevó a alzar la copa.
  • El sobreviviente: Magallanes llegó a la final para recordarnos que la rivalidad es el motor de esta liga.

Al final, que una marca con tanta historia siga apostando por el deporte rey en Venezuela es un alivio. En un mundo de fintechs y apps de delivery que aparecen y desaparecen, tener algo que sabe igual que cuando tenías 10 años te da cierta estabilidad mental mientras ves cómo se decide un campeonato en el último out.


A veces no sé si nos gusta más el beisbol o la excusa para reunirnos a comer algo que nos recuerde quiénes somos, pero mientras haya juego, habrá una lata abierta en alguna parte.

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