Seguro te ha pasado: arrancas enero con toda la furia, te compras las gomas nuevas y te inscribes en el gym. Pero a la tercera semana, entre el dolor de espalda porque hiciste mal una sentadilla y que no ves ni medio músculo asomándose, te dan ganas de dejar eso así.
Ahí es donde entra la figura del entrenador personal, que hoy 2 de enero celebra su día, y honestamente, es mucho más que alguien que te cuenta las repeticiones.
A ver, vamos a estar claros. Mucha gente cree que pagar un personal es un lujo de «enchufado» o de influencer, pero la realidad es que es una inversión en salud.
No es solo que alguien te diga «dale, ¡una más!», es que ese guía evita que termines en el fisioterapeuta por un mal movimiento.
¿Por qué tirar la toalla es tan común?
Dicen las malas lenguas (y las estadísticas de la industria) que el 90% de la gente abandona el gimnasio porque no ve resultados rápido. Es lógico. Si te matas dos horas en una máquina y al mes te ves igual, el desánimo pega fuerte.
El rol de un entrenador personal es precisamente acortar esa brecha. Ellos diseñan esa hoja de ruta que tú no sabes armar, adaptada a si lo que quieres es bajar la barriguita de las hallacas o ponerte como Arnold Schwarzenegger (bueno, quizás un poquito menos).
Más allá de los músculos: El riesgo de inventar
Inventar rutinas de YouTube tiene su peligro. Existe una vaina que suena a nombre de villano de Marvel, la rabdomiólisis, que básicamente ocurre cuando te sobreexiges tanto que el músculo se rompe y liberas toxinas que pueden dañarte hasta los riñones.
No es juego. Un buen coach sabe cuándo frenarte y cuándo decirte que sí puedes.
En sedes como las de Montalbán, el San Ignacio o Margarita, el ambiente se siente distinto cuando tienes a alguien corrigiéndote la postura.
Es esa mezcla de disciplina y seguridad. Al final del día, tener un guía es lo que convierte el «voy a intentar ir al gym» en un hábito real.
Si este año de verdad quieres que la inscripción valga la pena, quizás el truco no sea entrenar más horas, sino entrenar con alguien que sí sepa qué está haciendo.
Al menos para arrancar con buen pie y no dejar el proyecto tirado antes de que llegue Carnaval.








