¿Se han fijado que ya no vemos tantas cajas con nombres impronunciables en otros idiomas? Ahora lo que manda es el producto nacional.
Según el último reporte de Faro Farmacéutico, arrancamos el año con un empuje del 13,7%. Pero el dato que me dejó pensando no es el porcentaje frío, sino que el 72% de ese crecimiento viene de laboratorios de aquí.
O sea, estamos en un punto donde el «Hecho en Venezuela» no es un eslogan romántico de una valla en la autopista, es lo que te está quitando el dolor de cabeza o controlándote la tensión sin que tengas que vender un riñón.
El fenómeno del «blister» y el bolsillo
Hay una realidad súper relatable en esto: el 20% de lo que se mueve son presentaciones de contenido reducido. Es el low-cost de la salud.
Si no te alcanza para la caja de 30 pastillas, te llevas la de 10. Es una adaptación muy nuestra, muy de «ajustar el presupuesto», pero que al menos garantiza que no cortes el tratamiento.
Además, ver que el precio promedio aquí está en 5,57 USD frente a los 8 mangos del resto de la región, te da una perspectiva distinta. Por una vez, no somos el país más caro en algo vital.
Genéricos: Perdiéndole el miedo al nombre
Hubo un tiempo donde el venezolano era súper brand-conscious con las medicinas. Si no era la marca de toda la vida, sentías que te estabas tomando un polvito de tiza.
Pero la realidad nos obligó a probar los genéricos y, sorpresa, funcionan. Hoy, una de cada dos medicinas que se despachan es genérica.
Lo más importante de este reporte es ver dónde creció más el consumo:
- Sistema Nervioso Central: (Un 21,6% de aumento… porque sí, vivir aquí todavía nos tiene los nervios de punta).
- Diabetes y Salud Cardiovascular: Sectores críticos que dependen de la constancia.
Saber que el 70% de esos genéricos los producimos acá da una sensación de autonomía que hace años no teníamos.
No dependemos de que llegue un barco de no sé dónde para que alguien consiga su tratamiento para la diabetes.
Al final, parece que la industria entendió que para sobrevivir aquí hay que hablar más claro: ser eficiente, ser accesible y, sobre todo, estar siempre en el estante.








