✌🏼 El dilema de la chistorra: ¿Por qué seguimos siendo fieles al carbón?

Me puse a pensar en esto leyendo sobre el enfoque de La Montserratina. Ellos dicen que ya no solo quieren que compres el paquete, sino que vivas la «experiencia».

Y miren, como alguien que ha visto pasar mil marcas de fast food y snacks que duran lo que un suspiro, entiendo el punto de Verónica Maduro:

en la Venezuela de hoy, o conectas con la gente o eres simplemente otro producto más agarrando frío en el anaquel.

La segmentación entre el «Tío Parrillero» y el «Gen Z»

Lo que me parece más fino de su estrategia es que entendieron que no todos parrillamos igual:

  • Para los de la vieja escuela: Es el respeto a la tradición. Ese ritual sagrado donde el parrillero es el chamán de la reunión. Aquí la marca apuesta por la nostalgia y el sabor de siempre.
  • Para los chamos (la «nueva ola»): Aquí es donde la cosa se pone creativa. No es solo tirar carne al fuego; es el taller de cocina, el contenido en TikTok, y demostrar que la chistorra también va en una pasta o en un bowl medio fit si te pones creativo.

Más allá del «branding» de oficina

A veces el marketing suena a pura palabra vacía de PowerPoint, pero cuando hablas de lealtad del consumidor en Caracas, estás hablando de confianza.

Si yo invito a unos panas a mi casa y la morcilla está mala, el rayado soy yo. Por eso, que una marca se tome la molestia de hacer eventos y escuchar lo que uno dice en redes no es solo «buena onda», es supervivencia.

Al final, lo que están haciendo es adueñarse de un momento. No te están vendiendo una proteína, te están vendiendo el permiso de relajarte y compartir.

Y en un mundo tan caótico, tener la certeza de que el chorizo ahumado va a saber a lo que tiene que saber, es un pequeño lujo que se agradece.

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