Hoy me topé con una receta que usa berenjenas, pero en vez de terminar en la típica crema o guiso, las convertimos en unos rollitos gratinados. El secreto aquí no es una técnica francesa complicada, sino el uso inteligente de los recursos.
El «motor» del sabor La base de esto es la berenjena, que por sí sola es bastante neutral (por no decir desabrida si no la tratas bien). Pero el verdadero MVP aquí es la Salsa de Chorizo Frescarini™.
Piénsalo así: hacer una salsa de chorizo base implica comprar el embutido, quitarle la piel, sofreír, picar tomate, cebolla, ajo, esperar que reduzca… es como tratar de armar un mueble sin instrucciones un martes por la noche.
Usar el frasco listo es como bajarse una app que ya hace el trabajo por ti. Te saltas la «carpintería» y vas directo al disfrute.
El proceso (sin tecnicismos)
- La base: Cortas las berenjenas en láminas finas. Ojo aquí: si las cortas muy gruesas, no van a enrollar, se van a partir. Es como tratar de doblar un cartón mojado versus una hoja de papel; necesitamos que sean la hoja de papel. Las pasas por la plancha para que ablanden.
- El relleno: Mezclas queso ricotta o requesón (el que consigas a buen precio en la charcutería) con un huevo, queso parmesano y perejil. Esto actúa como el «cemento» que mantiene el rollo unido por dentro.
- El ensamblaje: Pones una cucharada de la mezcla en la berenjena y enrollas. Sin presión, que fluya.
- El baño de sabor: Aquí entra la magia. Haces una cama de salsa en el molde, acomodas los rollos y luego los cubres con más salsa de chorizo y mozzarella.
Al horno y listo Lo mandas al horno a 180 °C unos 20 minutos. Básicamente, hasta que el queso haga burbujas y se vea dorado, ese color que te dice «ya estoy listo».
El resultado es un plato que se siente confort food total. La intensidad del chorizo en la salsa le da ese toque ahumado y potente que levanta el sabor suave de la berenjena y el requesón.
Es un almuerzo que parece que te tomó horas, pero que resolviste mientras escuchabas un par de notas de voz en WhatsApp.
Es una opción sólida para variar el menú sin complicarse la existencia. Y con lo que cuesta el gas o la luz a veces, mientras menos tiempo pase el horno prendido esperando reducciones eternas, mejor para todos.








